Hiru Handiak by Jon Kepa Izagirre

2014/06/23



 Hoy os traemos la crónica de Jon Kepa Izagirre de la Hiru Handiak que se disputó el pasado 14 de junio y en la que tenían que ascender al Gorbea, Anboto y Aizkorri. Aquí os dejamos sus vivencias. 


               
                Aquí aún en caliente y con las piernas todavía doloridas os voy a contar mi experiencia en la Hiru Haundiak (Los Tres Grandes).

El reto


                La historia comienza a principios de Enero cuando me inscribo a este gran reto. La verdad es que tenía muchisimas ganas de participar en una carrera de este tipo. Por delante cinco meses y medio de preparación y entrenamientos. Empecé entrenando muy fuerte  haciendo unos noventa kilómetros semanales por los montes de la villa. En el primer mes de entrenamiento me sobrecargue y termine con una tendinitis en el tendón de Aquiles que me tuvo dos meses sin correr. Tardé bastante en volver a entrenar sin molestias y la prueba estaba cada vez más cerca. A tan solo dos meses mi motivación era muy baja, incluso se me pasaba por la cabeza no presentarme, no había entrenado nada y pensaba que no sería capaz. Unas semanas antes mi tío Jon Kepa me convenció para participar, no había corrido más de veinticinco kilómetros seguidos pero había que intentarlo. Abandonar sin enfrentarme a ello no es propio de mí.
El viernes antes de la prueba me levanté nervioso con muchas dudas, no estaba seguro de si sería capaz de llevar el barco a buen puerto. Por la tarde fuimos a Araia a recoger los dorsales, había bastante gente y se respiraba un ambiente festivo.

Recogida de dorsales en Araia. Jon Kepa Izagirres!!! (sobrino y tío)

Allí nos encontramos con nuestros amigos del Eutsi BalmaTrail de los cuales había 16 participantes, ahí es nada. Cenamos en familia un buen plato de pasta y nos acercamos en bus a la salida. Caía la noche cuando arribamos a la Ondategi, había muchísima gente, la música y las luces de los frontales inundaban el pequeño parque donde nos encontrábamos. Charlamos entre nosotros, discutimos la estrategia a seguir y vimos caras conocidas, el mundo es un pañuelo. Tan solo quedaba media hora para empezar esta odisea, fotos por aquí, algún video por allí, la última meadita...

Empieza la aventura

                Quince, catorce… diez, nueve… tres, dos uno, comienza la aventura. La salida es lenta, la gente se apelotona  pero no me preocupa, aún quedan 100 kilómetros por delante, ya habrá tiempo de acelerar el ritmo. Según pasan los kilómetros el grupo se va estirando y se hace más cómodo avanzar.
En frente se erige el primer Grande, el Gorbea, a medida que nos acercamos a la cima el viento y el polvo se hacen notar, es muy molesto. En 2 horas 12 minutos dejamos atrás el primero de los tres Grandes. La bajada es espectacular, al echar la vista hacia atrás se ve una larga serpiente de luz que discurre a través de la ladera del Gorbea, además hay luna llena y su tenue brillo baña todo los recovecos. Avanzamos a buen ritmo, sin prisa pero sin pausa, van cayendo los kilómetros casi sin querer. El próximo objetivo es Otxandio, sobre el kilómetro 27, allí nos espera el primer avituallamiento sólido. Llegamos al frontón a las 4 horas 45 minutos, apenas nos quedamos 5 minutos, todavía estamos frescos.

 Llegamos a Otxandio, primea parada.

 Proseguimos la marcha, ahora se hace palpable la distancia entre participantes, vamos mucho más dispersos. Charlamos entre nosotros y con los demás corredores, nos echamos unas risas, de esta manera los kilómetros van pasando casi sin darnos cuenta. Así por la tontería a las 6:19 a.m. llegamos al Parque Natural de Urkiola encarando de esta manera el segundo Grande, el majestuoso Anboto, morada de Mari (Diosa Madre en la mitología vasca) y lugar de leyendas. El sol comienza a dejarse ver, los primeros rayos nos bañan, dándonos energía para ascender por esas empinadas laderas que nos llevaran a la cima del Anboto. La subida es lenta y se forman grandes colas, pero poco a poco llegamos a la cima. La panorámica que tenemos delante es impresionante, quizá una de las estampas más bonitas de todo el trayecto.



Segundo grande Superado

Al fondo se ve el sol inundando con sus rayos la blanca caliza y un mar de nubes que cubre todo el valle. Me hubiera quedado allí observando esa preciosa estampa, pero hay que seguir. Encaramos la bajada a buen ritmo, adelantamos a bastante gente y seguimos rumbo al Orixol, el trayecto por esta zona transcurre a través de pistas y frondosos bosques. Llevamos encima unos 45 km y las piernas empiezan a quejarse, nada grave. Poco a poco vamos acercándonos a Landa (km 59) y último avituallamiento sólido. Allí nos esperan las mochilas con los recambios necesarios para afrontar la última etapa del recorrido. Pasa el tiempo y parece que Landa no llega, en este momento me duele bastante la parte de atrás de la rodilla izquierda, además el sol está empezando a apretar con fuerza y me siento desmotivado. Según estoy llegando a Landa me ronda por la cabeza tirar la toalla. Por fin, 11 horas y 22 minutos nos han hecho falta para cubrir la distancia que separa la salida de Landa. Hay mucha gente animando (familiares, amigos) mientras los participantes reponemos fuerzas. Me cambio de calcetines y zapatillas, como, me hidrato abundantemente y me doy crema para afrontar la parte más dura del Ultra.
 Recargo la mochila con comida y bebida y partimos hacia la Sierra de Elgea. Nada más salir nos encontramos con un “muro”, enormes rampas nos dan la bienvenida pero me ha venido bien el descanso y poco a poco vamos hacia delante. A lo lejos se ven los molinos de viento que delimitan toda la Sierra. El calor aprieta pero no nos detenemos, avanzamos sin prisa pero sin pausa. Al llegar al primer molino se se escucha un ruido ensordecedor que va en aumento, son las aspas que giran a gran velocidad movidas por el fuerte viento. Echamos la vista hacia adelante, vemos decenas de molinos que recorren la interminable Sierra de Elgea, concretamente hay 78. 


Sierra de Elgea. La entrada en el "infierno"

 Decido ponerme el mp3 para ver si de esta manera puedo abstraerme del mundo y que se me haga más amena la marcha. Avanza el tiempo en cambio los molinos no se terminan nunca, parece que el final está cerca pero subimos una loma tras otra y  hay más y más. ¡Mierda! Se me termina la batería del mp3, sí parece que lo acabo de encender, pero no, ya habían pasado más de dos horas. Por fin a lo lejos puede verse el final de este infierno, se divisa el último molino. La alegría inunda nuestras mentes, además se distingue la silueta del tercer Grande, el Aizkorri. Las nubes han colonizado el cielo, agradecemos que nos tapen un poco de sol. Tras algunas horas llegamos a La Majada de Arbelar para después encarar la subida al Aizkorri.

Último Grande a la vista

 Justo antes de la ascensión hay un avituallamiento que nos da la vida, para nuestra sorpresa hay alimentos sólidos, no contábamos con ello. El último Grande se hace muy duro, la ascensión está llena de bloques de caliza pulida y cuesta mucho avanzar, además el cansancio ya se hace más que evidente. Tras 18 horas 35 minutos de carreara ya hemos coronado el Aizkorri, el último grande, nos inunda una sensación de euforia, ya casi lo tenemos.

Descanso en Aizkorri, a coger fuerzas


Quemamos el último cartucho de comida y nos disponemos a afrontar el descenso hasta Araia. Con la alegría de haber coronado ya los tres grandes bajamos corriendo entre rocas primero y después a través del bosque de hayas. La bajada se hace interminable y mis piernas no dan más de sí ¡No puedo más! Me pregunto a ver porque hago este tipo de locuras, con lo bien que estaría en casa. El último avituallamiento esta delante de mí, estoy a punto de alcanzar la tan ansiada meta, pero todavía me quedan cuatro kilómetros. Menos mal que se me ocurrió llevar bastones porque de otra manera no hubiera llegado hasta donde estoy. Solo quedan dos kilómetros no es nada me digo para dentro, casi a rastras llegamos a la carretera que nos llevará a la gloria.
Apenas cuatrocientos metros nos separan del fin de la agonía. Según nos acercamos se escuchan gritos de ánimo, sentimos el calor de la gente tratándonos como héroes. Nos aplauden, nos silban y se nos ponen los pelos de punta. Nos invade una emoción que hace que se nos olviden todos los dolores y los malos momentos que hemos pasado. ¿Por qué hacemos estas locuras? La respuesta aparece ante nosotros, es por este momento, este momento no se puede describir hay que vivirlo para saber lo que se siente. Este escueto instante es la gasolina para seguir con nuestras locuras, lo que alimenta nuestras almas de corredores. Finalmente llegamos en 20 horas 33 minutos, muy contento porque pensaba que no conseguiría terminar.

    La felicidad nos inunda. Llegada a Araia

           

Todo el trayecto lo hice en compañía de Sergio Sanchez y Jon Bascones sin los cuales estoy seguro que no hubiera podido terminar. ¡Gracias chavales sois unos grandes!

Zorionak Jon Kepa!

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